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Basílica de San Juan de Dios

La Basílica de San Juan de Dios es, sin lugar a dudas, una de las obras cumbres del arte barroco en España y un templo que deja sin aliento a todo el que cruza sus puertas. Fue impulsada en el siglo XVIII por el prior Alonso de Jesús y Ortega con el objetivo de albergar los restos de San Juan de Dios, el santo patrón de los enfermos y los enfermeros, cuya labor social en la Granada del siglo XVI transformó la asistencia hospitalaria de la época.

El interior del templo es un asombroso despliegue de horror vacui ("miedo al vacío"). Prácticamente cada centímetro de sus paredes, bóvedas y pilastras está recubierto de madera tallada y sobredorada con pan de oro, creando un efecto lumínico y espiritual sobrecogedor. Entre sus maravillas destacan:

  • El retablo mayor: Una estructura monumental de madera dorada que sirve de marco para el camarín del santo.
  • El camarín: Una pequeña estancia oculta tras el altar, decorada con espejos, reliquias y oro, donde se custodia la urna de plata maciza con los restos de San Juan de Dios.
  • Las cúpulas policromadas: Repletas de frescos obra de Diego Sánchez Sarabia, que relatan episodios de la vida del santo y su dedicación a los más desfavorecidos.

A pesar de su apabullante belleza, la basílica suele pasar desapercibida para el turismo masivo que se concentra en la Alhambra, lo que la convierte en una de las joyas mejor guardadas del patrimonio granadino.